miércoles, diciembre 22, 2004

¿Quién se ha comido mi pez de la buena suerte? (fábulas empresariales)

Teniendo como tengo un master en el Ie y después unos cuantos libros de autoayuda empresarial leidos (en el vips), creo que estoy facultado para escribir mis propias fábulas empresariales. Escribiré artículos hasta que tenga páginas suficientes para editar un libro (unos tres serán suficientes). Previamente localizaré a alguien que sepa dibujar enanos, trolls y otros personajes para las ilustraciones ;)

Fábula nº1: Los tres cazadores
Por sus servicios prestados en la última guerra, tres nobles recibieron del rey el derecho a utilizar un gran coto de caza. Después de sus cuantiosas inversiones en la guerra los tres depenían de la explotación del coto para subsistir.

El primer nobre contrató un cazador y también a 10 ojeadores y otros tantos campesinos para que le ayudaran a encontrar las piezas y traerlas de regreso.

El segundo noble se dió cuenta de que el inmenso coto tenía muchas posibilidades y tras fichar a su cazador diseñó un plan de incorporación de ayudantes en función de las piezas estimadas para cada día y otro plan para el seguimiento que le permitiera saber aunque no cobraran piezas, que realmente iban por el buen camino, y anotaban rastros, piezas avistadas, etc.

El tercer noble tenía el mejor cazador, pero respecto a los ayudantes se dijo que no había que hacer inversiones arriesgadas hasta no saber de verdad cuantas piezas habría que despellejar y transportar. Si de verdad había caza, ya los contratarían.

Se internaron los tres cazadores en el inmenso coto y el primero gracias a todos sus ojeadores empezó enseguida a cobrar piezas, que despellejaba y mandaba a su señor por medio de los ayudantes, pero aunque cazaba bastante, esta caza no fué suficiente para pagar a tantos colaboradores y pronto faltó el dinero y hubo que despedirles a todos. El noble mantuvo al cazador algún tiempo más, pero este se terminó por marcharse también.

El segundo cazador tardó un poco más en abatir su primera pieza, pero informaba de los rastros hallados y cuando estos fueron abundantes su señor empezó la contratación de colaboradores pensando que en breve capturarían algún venado. Así fué y se continuaron contratando colaboradores anticipandose a las necesidades. Este noble, prosperó rápidamente y siempre pudo pagar al cazador y a sus ayudantes.

El tercer cazador un poco desanimado por la falta de recursos, se encontró con un aldeano y le comentó su caso. Este aldeano era una persona sencilla y emprendedora y creyo desde el primer momento a nuestro cazador, que le explicaba con brillo en los ojos como había visto un rebaño de más de 20 ciervos bebiendo en un arroyo. Llegaron a un acuerdo por el cual el cazador le entregaría al aldeano una de cada dos piezas cobradas y a cambio el y su familia le despellejarían y transportarían las suyas sin coste. Los primeros días fueron duros y la familia del aldeano lo pasó mal, pero en cuanto llegaron las primeras piezas, tuvieron dinero para ampliar el número de ayudantes. Con el tiempo se especializaron y trabajaron también para otros cazadores y prosperaron mientras que el noble que aunque había tenido pruencia, le había faltado visión empresarial desaprovechó la mitad del potencial del coto.